Las mujeres, las niñas y los desastres

 

Por Margareta Wahlström

Todos los años, los desastres repercuten en más de 200 millones de personas.  Muchas tendrán que soportar el embate de las inundaciones, tormentas o sequías recurrentes y en su mayor parte se tratará de mujeres y niñas. La gran mayoría de las personas que resultan afectadas por los desastres recurrentes logran sobrevivir. De hecho, con excepción de los países más pobres y peor administrados, las muertes a causa de los desastres meteorológicos han venido disminuyendo.

Lo que no ha disminuido es nuestro grado de exposición al riesgo y el alto precio que pagamos por los puestos de empleo que se pierden, los hogares que resultan destruidos o dañados, y las interrupciones en la educación, los servicios de salud y la infraestructura de transporte.

Al igual que el hospital más caro es el que se derrumba durante un terremoto, el plan más costoso para la gestión de desastres es el que falla al abordar las causas de los desastres recurrentes. La combinación de una planificación urbana ineficaz y la ignorancia del verdadero costo económico de tales eventos pueden permitir con demasiada facilidad que se devasten los bienes comunitarios.

Hay dos enfoques para aumentar la resiliencia ante los desastres. El más manifiesto es el enfoque estructural, mediante el cual se invierte dinero de forma juiciosa en la protección contra inundaciones, en desagües, en la preservación de humedales y bosques, y en diversas medidas correctivas —con base en una evaluación sensata del riesgo — a fin de proteger infraestructura de gran valor.

El otro enfoque, de índole no estructural, se centra en los sistemas de alerta temprana, las políticas públicas, las legislaciones, los seguros, el conocimiento, la educación, la capacitación  y la participación comunitaria.  Este enfoque también debe centrarse en asuntos que permiten que diversos grupos específicos de personas sean vulnerables debido a su género, edad, religión o situación de pobreza.

El hecho de ignorar la voz de las mujeres en el contexto de los desastres es extremadamente insensato.  Sabemos que algunos de los programas más poderosos en el ámbito de la recuperación después de un desastre son impulsados por mujeres que han logrado sobrevivir a lo peor.

Los países que no promueven activamente la plena participación de las mujeres en la educación, la política y dentro de la fuerza laboral lucharán más que la mayoría para reducir el riesgo y adaptarse al cambio climático. Por consiguiente, la igualdad de género es un elemento esencial en nuestra labor dirigida a aumentar la resiliencia ante los desastres y reducir el riesgo en términos de vidas, trabajo y bienes. Asimismo, el hecho de facultar o no a las mujeres para que participen plenamente en la planificación y la gestión de desastres representa literalmente un asunto de vida o muerte.

Este año, en el Día Internacional para la Reducción de Desastres, deseamos centrar la atención en las mujeres y las niñas, al igual que reconocer todo lo que ya están haciendo para aumentar la resiliencia de sus comunidades, en aquellos lugares en los que el género no representa una barrera para lograr su plena participación en la vida pública.

Necesitamos valorar lo que las mujeres y las niñas están logrando al hacer un buen uso de su conocimiento y experiencia en el diseño de planes para abordar los desastres e identificar áreas en las que se puedan mejorar los sistemas de alerta temprana y la planificación urbana.

Cada año, los desastres repercuten en más de 100 millones de mujeres y niñas. Ellas tienen el derecho estar preparadas para su sobrevivencia  y de contribuir a que sus comunidades no corran peligro.

Necesitamos más mujeres como voluntarias en el ámbito comunitario y más mujeres que ocupen puestos superiores en la gestión de desastres. En un mundo en el que el grado de exposición a los desastres está aumentando de forma exponencial —y dando origen a pérdidas económicas más altas— se necesita de toda la ayuda femenina que se pueda obtener.

Escrito originalmente como artículo de opinión para Project Syndicate.

 

 

 

 

 

 

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